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Gosha
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 Война в Испании.

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Сообщение Gosha » 05 авг 2019, 13:24

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 Re: Война в Испании.

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Сообщение Gosha » 06 авг 2019, 15:58

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Сообщение Gosha » 15 авг 2019, 13:30

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 Re: Война в Испании.

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Сообщение Foxhound » 21 авг 2019, 17:55

La guerra civil española o guerra de España,3​4​5​6​ también denominada por los españoles como Guerra Civil por antonomasia,7​ fue un conflicto bélico —que más tarde repercutiría también en una crisis económica— que se desencadenó en España tras el fracaso parcial del golpe de Estado del 17 y 18 de julio de 1936 llevado a cabo por una parte del Ejército contra el Gobierno de la Segunda República. Tras el bloqueo del Estrecho y el posterior puente aéreo que gracias a la rápida colaboración de la Alemania nazi y la Italia fascista, trasladó las tropas rebeldes a la España peninsular en las últimas semanas de julio,8​9​ comenzó una guerra civil que concluiría el 1 de abril de 1939 con el último parte de guerra firmado por Francisco Franco, declarando su victoria y estableciendo una dictadura que duraría hasta su muerte el 20 de noviembre de 1975.

La guerra tuvo múltiples facetas, pues incluyó lucha de clases, guerra de religión, enfrentamiento de nacionalismos opuestos, lucha entre dictadura militar y democracia republicana, entre revolución y contrarrevolución, entre fascismo y comunismo.10​

A las partes del conflicto se las suele denominar bando republicano y bando sublevado:

El bando republicano estuvo constituido en torno al Gobierno, formado por el Frente Popular, que a su vez se componía de una coalición de partidos republicanos —Izquierda Republicana y Unión Republicana— con el Partido Socialista Obrero Español, a la que se habían sumado los marxistas-leninistas del Partido Comunista de España y el POUM, el Partido Sindicalista de origen anarquista y en Cataluña los nacionalistas de izquierda encabezados por Esquerra Republicana de Catalunya. Era apoyado por el movimiento obrero y los sindicatos UGT y CNT, los cuales también perseguían realizar la revolución social. También se había decantado por el bando republicano el Partido Nacionalista Vasco, cuando las Cortes republicanas estaban a punto de aprobar el Estatuto de Autonomía para el País Vasco.
El bando sublevado, que se llamó a sí mismo «bando nacional», estuvo organizado en torno a parte del alto mando militar, institucionalizado inicialmente en la Junta de Defensa Nacional sustituida tras el nombramiento de Francisco Franco como generalísimo y jefe del Gobierno del Estado. Políticamente, estuvo integrado por la fascista Falange Española, los carlistas, los monárquicos alfonsinos de Renovación Española y gran parte de los votantes de la CEDA, la Liga Regionalista y otros grupos conservadores. Socialmente fue apoyado por aquellas clases a las que la victoria en las urnas del Frente Popular les hizo sentir que peligraba su posición; por la Iglesia católica, acosada por la persecución religiosa desatada por parte de la izquierda nada más estallar el conflicto y por pequeños propietarios temerosos de una «revolución del proletariado» En las regiones menos industrializadas o primordialmente agrícolas, los sublevados también fueron apoyados por numerosos campesinos y obreros de firmes convicciones religiosas.11​

Ambos bandos cometieron y se acusaron recíprocamente de la comisión de graves crímenes en el frente y en las retaguardias, como sacas de presos, paseos, desapariciones de personas o tribunales extrajudiciales. La dictadura de Franco investigó y condenó severamente los hechos delictivos cometidos en la zona republicana, llegando incluso a instruir una Causa General, todo ello con escasas garantías procesales. Por su parte, los delitos de los vencedores nunca fueron investigados ni enjuiciados durante el franquismo, a pesar de que algunos historiadores12​ y juristas13​14​ sostienen que hubo un genocidio en el que, además de subvertir el orden institucional, se habría intentado exterminar a la oposición política.c​

Las consecuencias de la Guerra Civil han marcado en gran medida la historia posterior de España, por lo excepcionalmente dramáticas y duraderas: tanto las demográficas —mortandad y descenso de la natalidad que marcaron la pirámide de población durante generaciones— como las materiales —destrucción de las ciudades, la estructura económica, el patrimonio artístico—, intelectuales —fin de la denominada Edad de Plata de las letras y ciencias— y políticas —la represión en la retaguardia de ambas zonas, mantenida por los vencedores con mayor o menor intensidad durante todo el franquismo, y el exilio republicano—, y que se perpetuaron mucho más allá de la prolongada posguerra, incluyendo la excepcionalidad geopolítica del mantenimiento del régimen de Franco hasta 1975.

Los gobiernos del Frente Popular también tuvieron que hacer frente a un aumento de la violencia política provocada por el partido fascista Falange Española, que a principios de 1936 era una fuerza política marginal, pero que tras el triunfo del Frente Popular recibió una avalancha de afiliaciones de jóvenes de derechas dispuestos a la acción violenta, y por la respuesta que le dieron las organizaciones de izquierda.46​ El primer atentado importante que cometieron los falangistas fue el perpetrado el 12 de marzo de 1936 contra el diputado socialista y «padre» de la Constitución de 1931 Luis Jiménez de Asúa, en el que este resultó ileso, pero su escolta, el policía Jesús Gisbert, murió.47​ La respuesta del gobierno de Azaña fue prohibir el partido y detener el 14 de marzo a su máximo dirigente José Antonio Primo de Rivera, pero el paso a la clandestinidad no impidió que siguiera perpetrando atentados y participando en reyertas con jóvenes socialistas y comunistas.46​48​

Los incidentes de mayor trascendencia se produjeron los días 14 y 15 de abril. El día 14 tuvo lugar un desfile militar en el Paseo de la Castellana de Madrid en conmemoración del Quinto Aniversario de la República. Junto a la tribuna principal estalló un artefacto y se produjeron a continuación varios disparos que causaron la muerte a Anastasio de los Reyes, alférez de la Guardia Civil que estaba allí de paisano, e hirieron a varios espectadores. Derechistas e izquierdistas se acusaron mutuamente del atentado. Al día siguiente se celebró el entierro del alférez que se convirtió en una manifestación antirrepublicana a la que asistieron los diputados José María Gil Robles, líder de la CEDA, y José Calvo Sotelo, líder de la derecha monárquica, además de oficiales del ejército y falangistas armados. Desde diversos lugares se produjeron disparos contra la comitiva que fueron respondidos, produciéndose un saldo de seis muertos y de tres heridos. Uno de los muertos fue el estudiante Ángel Sáenz de Heredia, falangista y primo hermano de José Antonio Primo de Rivera.48​ También resultó herido un joven tradicionalista (carlista), José Llaguno Acha, y una muchedumbre intentó linchar al teniente José del Castillo Sáenz de Tejada al que se le acusó de dispararle.

Entre abril y julio los atentados y las reyertas protagonizadas por falangistas causaron más de cincuenta víctimas entre las organizaciones de izquierda obrera, la mayoría de ellas en Madrid. Unos cuarenta miembros de Falange murieron en esos actos o en atentados de represalia de las organizaciones de izquierda.48​ También fueron objeto de la violencia los edificios religiosos (un centenar de iglesias y conventos fueron asaltados e incendiados)49​ aunque entre las víctimas de la violencia política de febrero a julio no hubo ningún miembro del clero.50​

El aumento de la violencia política y el crecimiento de las organizaciones juveniles paramilitares tanto entre la derecha (milicias falangistas, requetés carlistas) como entre la izquierda (milicias de las juventudes socialistas, comunistas y anarquistas), y entre los nacionalistas vascos y catalanes (milicias de Esquerra Republicana de Catalunya y del PNV), aunque no estaban armadas y su actividad principal era desfilar, provocó la percepción entre parte de la opinión pública, especialmente la conservadora, de que el gobierno del Frente Popular presidido por Santiago Casares Quiroga no era capaz de mantener el orden público, lo que servía de justificación para el «golpe de fuerza» militar que se estaba preparando.51​ A esta percepción también contribuyó la prensa católica y de extrema derecha que incitaba a la rebelión frente al «desorden» que atribuía al «Gobierno tiránico del Frente Popular», «enemigo de Dios y de la Iglesia», aprovechando que la confrontación entre clericalismo y anticlericalismo volvió al primer plano tras las elecciones de febrero con continuas disputas sobre asuntos simbólicos, como el tañido de campanas o las manifestaciones del culto fuera de las iglesias, como procesiones o entierros católicos. Así mismo, en el parlamento, los diputados de la derecha, singularmente Calvo Sotelo y Gil Robles, acusaron al gobierno de haber perdido el control del orden público.50​
José Calvo Sotelo hablando en un mitin en el frontón Urumea (San Sebastián), en 1935.

En la noche del domingo 12 de julio era asesinado en la calle de Fuencarral de Madrid el teniente de la Guardia de Asalto e instructor de las milicias socialistas José del Castillo Sáenz de Tejada52​, que se dirigía a su puesto de trabajo en el Cuartel de Pontejos, probablemente por pistoleros de extrema derecha pertenecientes a la Comunión Tradicionalista (o de Falange Española).53​ El teniente Castillo era muy conocido por su activismo izquierdista y se le atribuía la frase «Yo no tiro sobre el pueblo» tras haberse negado a participar en la represión de la Revolución de Asturias, acto de rebeldía que le costaría un año de cárcel.

Como represalia, los compañeros policías del teniente Castillo, dirigidos por el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés, secuestraron en su propio domicilio y asesinaron en la madrugada del día siguiente a José Calvo Sotelo, líder de los monárquicos «alfonsinos» (que no tuvo nada que ver con el asesinato del teniente Castillo), y abandonaron el cadáver en el depósito del cementerio de la Almudena. En el entierro de Calvo Sotelo, el dirigente monárquico Antonio Goicoechea juró solemnemente «consagrar nuestra vida a esta triple labor: imitar tu ejemplo, vengar tu muerte y salvar a España». Por su parte, el líder de la CEDA, José María Gil Robles en las Cortes les dijo a los diputados de la izquierda que «la sangre del señor Calvo Sotelo está sobre vosotros» y acusó al gobierno de tener la «responsabilidad moral» del crimen por «patrocinar la violencia».52​

Según el estudio más completo que se ha realizado sobre las víctimas mortales como resultado de la violencia política entre febrero y julio de 1936, antes de iniciarse el golpe de estado, hubo un total de 189 incidentes y 262 muertos, de ellos 112 causados por la intervención de las fuerzas de orden público. De las 262 víctimas, 148 serían militantes de la izquierda, 50 de la derecha, 19 de las fuerzas de orden público y 45 sin identificar. Además ese estudio constata que el número de víctimas mortales causadas por la violencia política fue disminuyendo en esos cinco meses.54​

La violencia política de los meses de gobierno en paz del Frente Popular, de febrero a julio de 1936, fue utilizada después por los vencedores en la Guerra Civil como justificación de su alzamiento. Hoy en día, el debate sigue abierto, aunque la mayoría de los historiadores opinan que en absoluto puede hablarse de una «primavera trágica» en la que el gobierno del Frente Popular hubiera perdido el control de la situación.55​ Y la conclusión de la mayoría de ellos es clara: «La desestabilización política real en la primavera de 1936 no explica en modo alguno la sublevación militar [de julio de 1936] y menos aún la justifica».55​ «La política y la sociedad españolas mostraban signos inequívocos de crisis, lo cual no significa necesariamente que la única salida fuera una guerra civil».47​

Durante los primeros meses de 1936 se produjo una polarización de la política española, en cuyos extremos se situaba la izquierda revolucionaria y la derecha fascista, y en medio una izquierda moderada y una derecha republicana junto con un centro anticlerical y una derecha de fuerte componente católico y monárquico (que representaba a muchos militares, terratenientes y a la jerarquía católica que veían peligrar su posición privilegiada y su concepto de la unidad de España). Una división que podía remontarse al siglo XIX cuando tuvo lugar el difícil proceso de cambio que se inició en 1808 para poner fin al absolutismo que lastraba al país, manteniendo fuertes diferencias económicas entre privilegiados y no privilegiados, y que el moderantismo decimonónico solo consiguió superar en parte. El resultado fue una población rural dividida entre los jornaleros anarquistas y los pequeños propietarios aferrados a (y dominados por) los caciques y la Iglesia; unos burócratas conformistas y una clase obrera con salarios muy bajos y, por lo tanto, con tendencias revolucionarias propias del nuevo siglo, hacen que también entre las clases pobres la división fuese muy acusada. También provenía del siglo XIX la tradición de que los problemas no se arreglaban más que con los pronunciamientos. No es extraño, pues, que en una España marcada por la reciente dictadura de Primo de Rivera e intentonas fallidas, como las de José Sanjurjo, volviese a haber ruido de sables y se temiese un plan para derribar al nuevo Gobierno establecido. Los acontecimientos darían la razón a los pesimistas.

Nada más conocerse la victoria del Frente Popular en las elecciones, se produjo un primer intento de «golpe de fuerza» por parte de la derecha para intentar frenar la entrega del poder a los vencedores. Fue el propio Gil Robles el primero que intentó sin éxito que el presidente del gobierno en funciones Manuel Portela Valladares declarase el «estado de guerra» y anulara los comicios. Le siguió el general Franco, aún jefe del Estado Mayor del Ejército, que se adelantó a dar las órdenes pertinentes a los mandos militares para que declarasen el estado de guerra (lo que según la ley de Orden Público de 1933 suponía que el poder pasaba a las autoridades militares), pero fue desautorizado por el todavía jefe de gobierno Portela Valladares y por el ministro de la guerra el general Nicolás Molero.57​

El 8 de marzo de 1936 tuvo lugar en Madrid, en casa de un amigo de Gil Robles, una reunión de varios generales (Emilio Mola, Luis Orgaz Yoldi, Villegas, Joaquín Fanjul, Francisco Franco, Ángel Rodríguez del Barrio, Miguel García de la Herrán, Manuel González Carrasco, Andrés Saliquet y Miguel Ponte, junto con el coronel José Enrique Varela y el teniente coronel Valentín Galarza, como hombre de la UME), en la que acordaron organizar un «alzamiento militar» que derribara al gobierno del Frente Popular recién constituido y «restableciera el orden en el interior y el prestigio internacional de España». También se acordó que el gobierno lo desempeñaría una Junta Militar presidida por el general Sanjurjo, que en esos momentos se encontraba en el exilio en Portugal.58​

Desde finales de abril, fue el general Mola quien tomó la dirección de la trama golpista (desplazándose así el centro de la conspiración de Madrid a Pamplona), adoptando el nombre clave de «el Director». Este continuó con el proyecto de constituir una Junta Militar presidida por el general Sanjurjo, y comenzó a redactar y difundir una serie de circulares o «Instrucciones reservadas» en las que fue perfilando la compleja trama que llevaría adelante el golpe de Estado.59​ La primera de las cinco instrucciones la dictó el 25 de mayo y en ella ya apareció la idea de que el golpe tendría que ir acompañado de una violenta represión.60​

Mola consiguió comprometer en el golpe a numerosas guarniciones, gracias también a la trama clandestina de la UME pero tenía dudas sobre el triunfo del golpe en el lugar fundamental, Madrid, y también sobre Cataluña, Andalucía y Valencia.59​ Así pues, el problema de los militares implicados era que, a diferencia del golpe de Estado de 1923, ahora no contaban con la totalidad del Ejército (ni de la Guardia Civil ni las otras fuerzas de seguridad) para respaldarlo.61​ Una segunda diferencia respecto de 1923 era que la actitud de las organizaciones obreras y campesinas no sería de pasividad ante el golpe militar sino que como habían anunciado desencadenarían una revolución. Por estas razones se fue retrasando una y otra vez la fecha del golpe militar, y por eso, además, el general Mola, «el Director», buscó el apoyo de las milicias de los partidos antirrepublicanos (requetés y falangistas) y el respaldo financiero de los partidos de la derecha.62​ Al gobierno de Casares Quiroga le llegaron por diversas fuentes noticias de lo que se estaba tramando pero no actuó con contundencia contra los conspiradores.63​
Mapas que representan los planes esbozados por Mola para dar el golpe de Estado que derribase a la Segunda República.

A principios de julio de 1936 la preparación del golpe militar estaba casi terminada, aunque el general Mola reconocía que «el entusiasmo por la causa no ha llegado todavía al grado de exaltación necesario» y acusaba a los carlistas de seguir poniendo dificultades al continuar pidiendo «concesiones inadmisibles». El plan del general Emilio Mola era un levantamiento coordinado de todas las guarniciones comprometidas, que implantarían el estado de guerra en sus demarcaciones, comenzando por el Ejército de África, que entre los días 5 y 12 de julio realizó unas maniobras en el Llano Amarillo donde se terminaron de perfilar los detalles de la sublevación en el Protectorado de Marruecos. Como se preveía que en Madrid era difícil que el golpe triunfase por sí solo (la sublevación en la capital estaría al mando del general Fanjul), estaba previsto que desde el norte una columna dirigida por el propio Mola se dirigiera hacia Madrid para apoyar el levantamiento de la guarnición de la capital. Y por si todo eso fallaba también estaba planeado que el general Franco, después de sublevar las islas Canarias, se dirigiría desde allí al Protectorado de Marruecos a bordo del avión Dragon Rapide, fletado en Londres el 6 de julio por el corresponsal del diario ABC Luis Bolín gracias al dinero aportado por el financiero Juan March, para ponerse al frente de las tropas coloniales, cruzar el estrecho de Gibraltar y avanzar sobre Madrid.64​65​ Una vez depuesto el gobierno de la República, se instauraría una dictadura militar siguiendo el modelo de la Dictadura de Primo de Rivera, al frente de la cual se situaría el exiliado general Sanjurjo.64​ «Los sublevados llevaron a cabo su acción pretendiendo que se alzaban contra una revolución absolutamente inexistente en la época en que actúan, inventan documentos falsos que compuso Tomás Borrás y que hablaban de un gobierno soviético que se preparaba, y de hecho lo que representaban era la defensa de las posiciones de las viejas clases dominantes, la lucha contra las reformas sociales, más o menos profundas, que el Frente Popular pone de nuevo en marcha».66​

El asesinato de José Calvo Sotelo en la madrugada del 13 de julio aceleró el compromiso con la sublevación de los carlistas y también de la CEDA y acabó de convencer a los militares que tenían dudas, entre ellos, según Paul Preston, al general Francisco Franco.67​ Además, el general Mola decidió aprovechar la conmoción que había causado en el país el doble crimen, y el día 14 adelantó la fecha de la sublevación que quedó fijada para los días 18 y 19 de julio de 1936



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Сообщение Foxhound » 21 авг 2019, 18:03

El 17 de julio por la mañana en Melilla, los dos coroneles y otros oficiales que estaban al tanto del alzamiento militar se reúnen en el departamento cartográfico y trazan los planes para ocupar el 18 los edificios públicos, planes que comunican a los dirigentes falangistas. Uno de los dirigentes locales de la Falange informa al dirigente local de Unión Republicana, llegando esta información al General Romerales, Comandante Militar de Melilla, que a su vez informa a Casares Quiroga. Romerales envía por la tarde una patrulla de soldados y guardias de asalto a registrar el departamento cartográfico. El coronel al mando del mismo retrasa el registro y llama al cuartel de la Legión, desde donde le envían un grupo de legionarios. Ante estos, la patrulla se rinde y los sublevados proceden a arrestar a Romerales (que fue fusilado junto con el delegado del gobierno y el alcalde de Melilla que se habían resistido a la rebelión), proclaman el estado de guerra e inician anticipadamente el levantamiento, informando a sus compañeros del protectorado de Marruecos que habían sido descubiertos. Esto hizo que se adelantase en Marruecos la fecha prevista.69​ En los tres días siguientes el golpe se extendió a las guarniciones de la península, Canarias y Baleares.
Situación el 23 de julio de 1936 tras el fracaso parcial del golpe de Estado. En azul las zonas controladas por los sublevados.70​

Los militares sublevados no consiguieron alcanzar su objetivo principal de apoderarse del punto neurálgico del poder, Madrid, ni de las grandes ciudades, como Barcelona, Valencia, Bilbao, Málaga o Murcia (aunque sí controlaban Sevilla, Valladolid, Zaragoza y Córdoba), pero dominaban cerca de la mitad del territorio español, ya que controlaban prácticamente el tercio norte peninsular (Galicia, León, Castilla la Vieja, Álava, Navarra, gran parte de la provincia de Cáceres, incluida la capital, y la mitad occidental de Aragón, incluyendo las tres capitales provinciales), menos la franja cantábrica formada por Asturias, Santander, Vizcaya y Guipúzcoa, que quedó aislada del resto de la zona republicana, y Cataluña. Además dominaban las ciudades andaluzas de Sevilla (donde el general Gonzalo Queipo de Llano se hace con inusitada determinación con el mando de la 2.ª División Orgánica), Córdoba y Cádiz conectadas entre sí por una estrecha franja (así como la ciudad de Granada, pero aislada del resto), más todo el Protectorado de Marruecos y los dos archipiélagos, Canarias (menos la isla de La Palma) y Baleares (excepto Menorca). Fuera de esta área controlaban determinados lugares y puntos de resistencia aislados dentro de la zona republicana como la ciudad de Oviedo (que soportó un asedio por parte de los republicanos durante 90 días, hasta la entrada de las tropas franquistas el 17 de octubre), el cuartel de Simancas en Gijón, el Alcázar de Toledo o el santuario de la Virgen de la Cabeza en Andújar.71​ Esta España controlada por los sublevados era en general «la España interior, rural, de formas sociales más retardatarias, de grandes y medianos propietarios agrarios, y con extenso proletariado agrario también».71​

De los lugares donde ha triunfado la sublevación parten las ofensivas de las tropas rebeldes, a hacer lo que la propaganda «nacional» llamó la «Reconquista», para tomar las ciudades en manos de la República o a liberar los lugares en manos de los rebeldes asediados por las tropas gubernamentales, como son los casos del sitio de Oviedo y del Alcázar toledano.

En la zona sublevada la muerte en accidente de aviación del que iba ser el jefe de la rebelión, el general Sanjurjo, provocó que los generales sublevados decidieron crear el jueves 23 de julio una Junta de Defensa Nacional, que quedaría constituida al día siguiente en Burgos, y que estaría integrada por los generales Miguel Cabanellas, que fue nombrado presidente de la Junta por ser el general más antiguo entre los sublevados, Andrés Saliquet, Miguel Ponte, Emilio Mola y Fidel Dávila, además del coronel Federico Montaner y el coronel Moreno Calderón. En el Decreto nº 1 que publicó la Junta se establecía que esta asumía «todos los poderes del Estado» y que representaría al país ante los poderes extranjeros, aunque en las semanas siguientes ningún país la reconoció y siguió considerando como gobierno legítimo de España al de Madrid presidido por el republicano de izquierda José Giral.72​ El 27 de julio de 1936 llegó a España el primer escuadrón de aviones italianos enviado por Benito Mussolini.73​

Las fuerzas republicanas, por su parte, consiguen sofocar el alzamiento en más de la mitad de España, incluyendo todas las zonas industrializadas, gracias en parte a la participación de las milicias recién armadas de socialistas, comunistas y anarquistas, así como a la lealtad de la mayor parte de la Guardia de Asalto y, en el caso de Barcelona, de la Guardia Civil. El gobernador militar de Cartagena, Toribio Martínez Cabrera, era simpatizante del Frente Popular y la marinería también era contraria al golpe militar, lo que unido a los tumultos populares de los días 19 y 20 hicieron fracasar el movimiento golpista en la base naval de Cartagena y el resto de la provincia de Murcia.

La zona fiel a la República ocupa grosso modo la mitad este de la Península: la parte oriental de Aragón (menos las tres capitales), Cataluña, Valencia, Murcia, Andalucía oriental (menos la ciudad de Granada), Madrid, Castilla la Nueva y La Mancha. En el oeste controlaba las provincias de Badajoz y de Huelva. Aislada de esta zona quedaba la franja cantábrica formada por Asturias (menos Oviedo y Gijón), Santander, Vizcaya y Guipúzcoa. El territorio leal era superior en extensión al rebelde y se trataba, por lo general, de las zonas de España «socialmente más evolucionadas, con importante población urbana, más industrializadas y con núcleos de obrerismo modernos organizados».71​

Así pues, el resultado del levantamiento era incierto pues tuvo éxito en unos sitios y fracasó en otros, por lo que España quedó dividida en dos zonas: una controlada por los militares que se habían alzado contra la República (la zona sublevada) y otra que permaneció fiel al gobierno (la zona republicana). Aproximadamente un tercio del territorio español había pasado a manos rebeldes, con lo que ninguno de los dos bandos tenía absoluta supremacía sobre el otro. La intentona de derrocar de un golpe a la República había fracasado estrepitosamente. Ambos bandos se prepararon para lo inevitable: un enfrentamiento que iba a desangrar España durante tres largos años. La guerra civil española acababa de empezar.

Aunque se trata de un tema muy controvertido, la mayoría de los historiadores calculan que un 70 % de los 15 000 jefes y oficiales en activo en 1936 combatieron en el bando sublevado (1236 fueron fusilados o encarcelados por ser desafectos al bando vencedor en cada lugar), mientras que, por el contrario, la mayor parte de los 100 generales no se sublevaron. De los 210 000 soldados de tropa y suboficiales que teóricamente formaban el ejército regular en 1936, unos 120 000 quedaron en la zona sublevada, pero lo más decisivo fue que entre ellos se encontraban los 47 000 que formaban el Ejército de África que constituían las mejores tropas del ejército español. La Guardia Civil, por su parte, quedó muy dividida entre los leales y los rebeldes a la República.71​

Si se considera la evolución durante la guerra el dato es muy favorable para los sublevados, pues mientras durante ese tiempo la plantilla de jefe y oficiales del bando rebelde fue creciendo hasta alcanzar los 14.104 efectivos el 1 de abril de 1939, la del bando republicano fue disminuyendo hasta quedar reducida a 4.771, debido fundamentalmente al pase al bando rival de muchos jefes y oficiales en el transcurso de la guerra. Como ha señalado el historiador Francisco Alía Miranda, de la Universidad de Castilla-La Mancha, hay que tener presente que la mayoría de los 18.000 oficiales que había en España en julio de 1936 aplaudieron el golpe, ya que predominaba entre ellos una mentalidad conservadora, corporativa y militarista.74​ Pero hay otro factor que explica la disminución del número de jefes y oficiales en la zona republicana y fue que más de la mitad de los que quedaron en esa zona tras el golpe rehusaron obedecer a las autoridades republicanas, algo que no sucedió en el bando sublevado. Así que mientras que en el bando sublevado solo 258 militares fueron fusilados o expulsados del Ejército, en el bando republicano fueron expulsados 4.450, de los cuales 1.729 fueron fusilados. E incluso en este bando a muchos oficiales no se les concedió el mando de tropa por desconfiar de ellos y solo ocuparon puestos burocráticos.75​

Así pues, el bando sublevado no tuvo que construir su ejército sino que contó desde el primer momento con las unidades militares (y las fuerzas de orden público) sublevadas durante el golpe ya organizadas y dirigidas por sus mandos, entre las que destacaba el ejército del Protectorado de Marruecos, el llamado Ejército de África, compuesto por la Legión Extranjera y los Regulares (tropas indígenas moras mandadas por oficiales españoles) que constituía la fuerza militar más experimentada de todo el ejército español.76​ Por otro lado las milicias carlistas (requetés) y las milicias falangistas que apoyaron a los sublevados fueron integradas en el ejército del que se consideraban aliadas y no enemigas (al contrario de lo que sucedió en el bando republicano donde las milicias obreras, especialmente las milicias confederales anarquistas, siempre desconfiaron de la institución militar, con la excepción de las milicias comunistas).77​

En el bando sublevado el ejército alcanzó rápidamente la unidad de mando y dominó completamente la vida civil de la zona sublevada, que ellos llamaban zona nacional.76​ La muerte en un accidente de aviación en los primeros días del golpe del general Sanjurjo, que era el militar elegido por sus compañeros para encabezar la sublevación, hizo que el mando en la zona sublevada quedara entonces repartido entre los generales Emilio Mola y Francisco Franco, pero solo dos meses después, el 1 de octubre, el general Franco asumió el mando único militar y político (el general Mola murió en otro accidente de avión al año siguiente, el 3 de junio de 1937).76​

«El fenómeno de la centralización militar del esfuerzo de guerra en la zona sublevada hizo que no se permitiese nada que se asemejase a la desunión política, al rencor entre grupos políticos y a la falta de confianza en los mandos y jefes de la campaña, todo lo cual se manifestó especialmente en la retaguardia republicana del norte, en Aragón y en Cataluña, que es donde se perdió realmente la guerra. (...) A medida que la República iba perdiendo la guerra, aumentaban el hambre y las privaciones en la retaguardia, creándose una situación infernal, con refugiados, bombardeos, escasez y frío».78​

En cuanto a la ayuda extranjera, el bando sublevado recibió armas de todo tipo y aviones prácticamente desde el primer día por parte de la Alemania nazi y la Italia Fascista a la que pronto se añadieron unidades militares completas (la Legión Cóndor alemana y el CTV italiano) en un flujo continuo que nunca se detuvo a largo de la guerra.79​

Por su parte el bando republicano no pudo contar con prácticamente ninguna unidad militar completa organizada y disciplinada con todos sus mandos y suboficiales y durante los primeros meses la fuerza militar que se opuso al ejército sublevado, tras la decisión del gobierno de José Giral de licenciar a las tropas para evitar que la sublevación se extendiera, estuvo constituida por columnas improvisadas integradas por unidades sueltas y por las milicias de las organizaciones obreras, que cuando estaban mandadas por oficiales de carrera estos a menudo suscitaban sospechas de traición entre los combatientes. Fue a partir de la formación del gobierno de Largo Caballero el 5 de septiembre de 1936 cuando se inició el proceso de construcción de un verdadero ejército, con la militarización de las milicias y su integración en las Brigadas Mixtas, primer paso para la creación del Ejército Popular que solo se logró tras la superación de la crisis de los «sucesos de mayo de 1937» y la formación a continuación del gobierno de Juan Negrín. Pero el ejército republicano siempre tuvo un problema estructural de difícil solución: la falta de mandos profesionales (según los cálculos de Michael Alpert, solo un 14 % de los militares que figuraban en el Anuario Militar de 1936 servían todavía en 1938 en el ejército de la República). Un problema que fue especialmente acuciante en el caso de la Armada.76​ Algo que reconoció el general republicano Vicente Rojo, que escribió:77​

Hemos creado un ejército con el nombre de tal, con toda la nomenclatura y sistema de mandos de un ejército regular... pero sólo hemos subido los primeros peldaños para alcanzar la cumbre.

Además en el bando republicano la unidad de mando solo se logró (y nunca fue completa) a mediados de 1937 cuando el Ejército Popular estuvo completamente estructurado y, por otro lado, solo a partir de ese momento las necesidades militares se impusieron sobre las de la vida civil (marcada por la Revolución Social de 1936). Y también, a diferencia del bando sublevado, era el gobierno quien tomaba las decisiones pero siguiendo casi siempre las recomendaciones del Jefe del Estado Mayor, el coronel y luego general Vicente Rojo, y de otros militares leales.76​

En cuanto a la ayuda extranjera la República, a causa de que Francia y Gran Bretaña no acudieron en su ayuda y además impulsaron el pacto que dio nacimiento al Comité de No Intervención (cuya prohibición de suministrar armas a alguno de los bandos contendientes no fue cumplida ni por Alemania ni por Italia, a pesar de haber firmado el acuerdo) la República tuvo que adquirir el material bélico donde pudo, a menudo recurriendo a los traficantes de armas que en ocasiones les vendieron material anticuado o en muy mal estado a precios astronómicos. Esto le hizo depender de los suministros que le proporcionó la Unión Soviética, después de que Stalin superara sus dudas sobre la ayuda a los republicanos españoles, cuyo material bélico (armas automáticas, tanques y aviones) acompañado de instructores y consejeros militares soviéticos, junto con las Brigadas Internacionales reclutadas por la Internacional Comunista o Komintern, no comenzó a llegar hasta octubre de 1936 y luego las sucesivas entregas se interrumpieron en varias ocasiones en función de la coyuntura internacional europea (que determinaron, por ejemplo, que el gobierno francés abriera o cerrara la frontera) y del creciente bloqueo impuesto por la Armada sublevada en los puertos republicanos



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Gosha
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 Re: Война в Испании.

#6

Сообщение Gosha » 21 авг 2019, 18:11

Пусто
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Вероятности отрицать не могу, достоверности не вижу. М. Ломоносов

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Сообщение Foxhound » 21 авг 2019, 18:13

Nada más conocerse el 17 de julio por la tarde que la sublevación militar había triunfado en el Protectorado de Marruecos, el ministro de Marina José Giral (que dos días después acabaría presidiendo el gobierno de la República tras la dimisión de Santiago Casares Quiroga y del gobierno «relámpago» de Diego Martínez Barrio) ordenó que varios barcos de guerra de la Marina se dirigieran al estrecho de Gibraltar para que bloquearan las plazas de Ceuta, Larache y Melilla y evitar así el paso a la península de las tropas coloniales. De la base de Cartagena salieron los destructores Almirante Valdés, Lepanto y Sánchez Barcáiztegui, con orden de navegar a máxima potencia hasta el estrecho.80​ Gracias a que las dotaciones de esos barcos se rebelaron contra sus oficiales, que estaban comprometidos en el golpe, los sublevados no pudieron disponer inicialmente del Ejército de África, compuesto por la Legión Extranjera y los regulares (tropas formadas por marroquíes mandados por oficiales españoles).76​

El mismo día 19 de julio en que fue sofocada la rebelión en Madrid, salieron de la capital hacia la sierra de Guadarrama varias columnas compuestas por milicianos y por tropas de las unidades militares que habían sido disueltas por orden del gobierno para evitar que se pudieran sumar a la sublevación. Allí consiguieron impedir que las columnas de los sublevados enviadas por el general Mola desde Castilla y León y desde Navarra consiguieran atravesar los puertos de montaña de la sierra madrileña y llegar a la capital.81​ El frente norte de Madrid quedó así estabilizado hasta el final de la guerra.82​ Esta primera campaña de la Guerra Civil fue conocida con el nombre de batalla de Guadarrama.83​

Desde Barcelona, también una vez sofocada la rebelión, salieron varias columnas formadas rápidamente por las organizaciones obreras y los partidos de izquierda para dirigirse a Aragón. Junto con las columnas del POUM y del PSUC (y una de Esquerra Republicana de Catalunya que salió desde Tarragona), el contingente más importante lo aportaron las milicias confederales de las organizaciones anarquistas (CNT, FAI, Juventudes Libertarias). La primera y más numerosa fue la columna Durruti, así llamada porque estaba encabezada por el líder de la FAI Buenaventura Durruti, que salió de Barcelona el día 24 en dirección a Zaragoza. Las también anarquistas columna Ascaso y columna Los Aguiluchos de la FAI salieron en dirección a Huesca. pero ninguna de ellas consiguió alcanzar sus objetivos de liberar las tres capitales aragonesas (desde Valencia había salido hacia Teruel la columna de Hierro), y el frente de Aragón quedó estabilizado, aunque los anarquistas llevaron la revolución a la mitad oriental de Aragón donde crearon el Consejo Regional de Defensa de Aragón.84​

También desde la ciudad condal se organizó una expedición a las islas Baleares, de las que solo Menorca continuaba republicana. La operación iniciada el 8 de agosto al mando del capitán Bayo tuvo un éxito inicial al conseguir ocupar una franja de la costa de Mallorca, pero el desembarco de Mallorca acabó en un completo fracaso.84​ Otro fracaso fue la ofensiva de Córdoba, «donde la situación estaba indecisa, lo que constituyó una de las pocas iniciativas estratégicas republicanas». Fue organizada desde Albacete por el general Miaja, cuyo jefe de Estado Mayor era el teniente coronel José Asensio Torrado, pero el avance se detuvo pronto (el general Miaja situó su cuartel general en Montoro) y los republicanos no pudieron reconquistar la Andalucía occidental, en manos de los sublevados especialmente después de la llegada de los primeras unidades procedentes del Protectorado de Marruecos.84​

La situación de bloqueo en que se encontraba el Ejército de África (la principal fuerza de combate con que contaban los sublevados para tomar Madrid, una vez detenidas las columnas del general Mola en la sierra de Guadarrama) se pudo superar gracias a la rápida ayuda que recibieron los sublevados de la Alemania nazi y de la Italia fascista. El 26 de julio llegaron a Marruecos los primeros veinte aviones de transporte alemanes Junker, que se podían convertir fácilmente en bombarderos, acompañados por cazas, y, cuatro días después, el 30 de julio, los primeros nueve cazabombarderos italianos. Con estos medios aéreos el general Franco, jefe de las fuerzas sublevadas de Marruecos, pudo organizar un puente aéreo con la península para transportar a los legionarios y a los regulares, y además conseguir la superioridad aérea en el estrecho. Así pues, el 5 de agosto pudo cruzarlo con una pequeña flota llamada por la propaganda de los sublevados «Convoy de la Victoria».8​ Sin embargo, el desbloqueo completo del paso del estrecho no se produciría hasta más tarde, cuando el gobierno republicano decidió transferir la mayoría de sus barcos de guerra al Cantábrico, lo que según el historiador Michael Alpert constituyó «quizá el mayor error de la Guerra Civil». Esta decisión estuvo motivada, entre otras razones, por la negativa de Gran Bretaña, que contaba con la flota naval de guerra más importante del Mediterráneo, a que el gobierno republicano detuviera el tráfico neutral dirigido al territorio enemigo, por lo que los buques de guerra republicanos no podrían impedir que los barcos mercantes alemanes e italianos desembarcaran material de guerra en los puertos de Ceuta, Melilla, Cádiz, Algeciras o Sevilla, controlados por los sublevados.8​
Milicianas republicanas haciendo un descanso en los combates en el verano de 1936

El 1 de agosto el general Franco da la orden de que las columnas de legionarios, moros regulares y voluntarios avancen en dirección norte desde Sevilla para dirigirse a Madrid a través de Extremadura, teniendo el flanco izquierdo protegido por la frontera de Portugal, cuyo régimen salazarista apoyaba a los sublevados. Siguiendo esta ruta para llegar a la capital se unirían las dos zonas controladas por los sublevados. Se inicia así la Campaña de Extremadura.8​ La llamada «columna de la muerte»85​ a causa de la brutal represión que aplicó en las localidades extremeñas que fue ocupando, y cuyo hecho más destacado fue la matanza de Badajoz, avanzó rápidamente a un promedio de 24 kilómetros por día. El 10 de agosto tomó Mérida y el 15 Badajoz, estableciendo a continuación contacto con las fuerzas sublevadas del norte. El avance se volvió entonces en dirección noreste para alcanzar el valle del Tajo y el 2 de septiembre caía Talavera de la Reina, ya en la provincia de Toledo.86​ El rápido avance de los sublevados hacia Madrid, unido a la noticia de la inminente caída de Irún (con lo que el norte quedaría completamente aislado del resto de la zona republicana), provocaron que el presidente José Giral, sintiéndose falto de apoyos y de autoridad, presentara la dimisión al presidente de la República Manuel Azaña. El 5 de septiembre se formaba un nuevo gobierno de «unidad antifascista» presidido por el socialista Francisco Largo Caballero, que asumió personalmente la cartera de Guerra, con el objetivo prioritario de organizar un ejército que pudiera detener el avance de los sublevados y ganar la guerra.87​

La rapidez con que cayeron una tras otra las poblaciones en el avance por Extremadura y el Tajo se debió fundamentalmente a que el Ejército de África estaba integrado por las tropas mejor entrenadas y curtidas en combate (legionarios y regulares), quizá las únicas verdaderamente profesionales en los primeros caóticos meses de guerra.88​ En cambio las fuerzas republicanas estaban integradas en su mayoría por milicianos a los que les faltaba adiestramiento militar. «Eran indisciplinadas y tendían a huir, presas del pánico, abandonando las armas, las cuales constituían fusiles y piezas sueltas de artillería, dado que el desbarajuste originado en la capital por la sublevación no permitía una adecuada planificación militar. En julio y agosto se perdió mucho material militar. En contraste, los sublevados se armaban cada vez más con material extranjero, aparte del que tomaban al enemigo».86​ Además los milicianos, cuya inmensa mayoría procedía de las organizaciones obreras y los partidos de izquierda, desconfiaban de los militares profesionales que pretendían mandarlos y por motivos ideológicos rechazaban la disciplina y la organización militares, a excepción de los comunistas que propugnaban la completa militarización de las milicias y la creación de un Ejército Popular siguiendo el modelo del Quinto Regimiento organizado por ellos.89​
Heinrich Himmler visitando el alcázar de Toledo junto a José Moscardó en octubre de 1940, un año y medio después del fin de la guerra civil.

El 21 de septiembre el Ejército de África tomaba el pueblo de Maqueda, a menos de 100 kilómetros de Madrid. Ese mismo día se reunían los generales sublevados en una finca de los alrededores de Salamanca para nombrar al general Franco como mando único y supremo de las fuerzas sublevadas. Una semana después volverían a reunirse para dilucidar el mando político. En ese intervalo de tiempo, el general Franco decidió desviar hacia Toledo las columnas que avanzaban hacia Madrid para levantar el asedio del Alcázar de Toledo, donde guardias civiles y algunos pocos cadetes de la Academia de Infantería al mando de su director, el coronel José Moscardó, llevaban dos meses resistiendo los ataques republicanos.90​ Esta decisión, que según algunos historiadores hizo perder a los sublevados la posibilidad de tomar Madrid antes de que se organizase su defensa,91​ ha suscitado un debate entre los historiadores. Para una buena parte de ellos fue una decisión más política que militar, pues afianzó el prestigio del general Franco ante sus compañeros cuando se estaba discutiendo ya el mando único político.91​ «El Alcázar encerraba un tesoro de legitimidad simbólica: academia militar, los sitiados resistían en medio de las ruinas, con los muros de la poderosa fábrica medio destruidos, refugiados en los sótanos. Con su liberación, Franco recibió un enorme capital político: el Alcázar era el símbolo de la salvación de España que, como una mártir, resucitaba del sepulcro al que la habían conducido sus enemigos».92​ Además tuvo un enorme valor propagandístico para la causa de los sublevados. «Del Alcázar se hizo posteriormente un mito por los franquistas, cuyos principales extremos —el episodio de los diálogos de Moscardó y su hijo en manos de los asediadores, por ejemplo— están hoy absolutamente desacreditados».91​ Sin embargo algunos historiadores afirman que también tuvo una motivación militar. «Parece convincente la explicación usual: el compañerismo militar y el valor propagandístico de rescatar a los asediados en el Alcázar imponían levantar el asedio cuanto antes. Es posible que hubiera motivos políticos, no separados de la ambición de Franco de ser generalísimo y jefe civil, que impusieran ese gesto heroico. Ahora bien, el hecho de tomar primero Toledo podía justificarse militarmente: asegurar esta ciudad permitiría atacar Madrid desde el sur y el este, protegiendo los flancos por el Tajo y contando con dos carreteras de primera categoría en lugar de una».90​ El mismo día que era levantado el asedio, el 28 de septiembre, el general Franco era nombrado por sus compañeros de sublevación no solo «generalísimo de las fuerzas nacionales de tierra, mar y aire», sino también «jefe del Gobierno del Estado Español, mientras dure la guerra».91​

El día 8 de octubre, el Ejército de África alcanzó San Martín de Valdeiglesias, a unos cuarenta kilómetros de Madrid, donde tomó contacto con las fuerzas sublevadas del norte al mando del general Emilio Mola, que acababa de finalizar la campaña de Guipúzcoa tras tomar Irún, el 5 de septiembre y San Sebastián el 13 de septiembre, quedando el norte republicano rodeado por tierra por los «nacionalistas». Así pues, a principios de octubre, las fuerzas sublevadas se habían desplegado en un semicírculo alrededor de Madrid que partía de Toledo al sur y alcanzaba el noroeste a unos diez kilómetros al norte de El Escorial, y que se encontraba entre 40 y 55 kilómetros de la capital. Aunque las fuerzas republicanas opusieron mayor resistencia gracias a la reorganización militar emprendida por el gobierno Largo Caballero (con la formación de las Brigadas Mixtas al mando en su mayoría de militares de carrera y en las que fueron encuadradas las milicias, una militarización acompañada de la creación de la figura de los comisarios políticos), las fuerzas «nacionales» fueron estrechando el semicírculo que atenazaba la capital (mientras que en el norte el 17 de octubre rompían el cerco de Oviedo) y a principios de noviembre llegaron a los barrios del sur de Madrid. «El ataque a Madrid marcó el final del primer periodo de la guerra»



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Сообщение Foxhound » 21 авг 2019, 18:17

El 6 de noviembre cuando parecía que el ejército sublevado estaba a punto de entrar en Madrid, el gobierno de Largo Caballero decidió trasladarse a Valencia, encomendando la defensa de la ciudad al general Miaja que debería formar una Junta de Defensa de Madrid. «Una salida precipitada, mantenida en sigilo, sobre la que no se dio explicación pública alguna».94​ «Quienes se quedaron en Madrid no pudieron interpretar estos hechos sino como una vergonzosa huida... sobre todo porque los madrileños fueron capaces de organizar su defensa».95​ Dos días después comenzó la batalla de Madrid.

Dado que las fuerzas de los nacionales no eran superiores a las fuerzas republicanas que defendían Madrid (unos 23 000 soldados), la penetración en la capital tendría que ser rápida y en un frente muy estrecho. Una columna atravesaría el río Manzanares al norte del puente de los Franceses y avanzaría por la Ciudad Universitaria de Madrid para luego bajar por el paseo de la Castellana. Otra columna cruzaría el parque del Oeste para seguir por los bulevares y llegar a la plaza de Colón. Y una tercera cruzaría el barrio de Rosales para alcanzar la plaza de España y la calle Princesa. Para apoyar este avance se consideraba fundamental tomar el cerro de Garabitas en la Casa de Campo donde se podía situar la artillería y desde allí bombardear la ciudad. El éxito de la operación dependía de que los republicanos creyeran que el ataque se produciría por el sur y concentraran allí sus fuerzas, pero en la noche de 7 al 8 de noviembre, precisamente en el momento que iba comenzar la batalla de Madrid, el teniente coronel Vicente Rojo, jefe del Estado Mayor de la defensa de Madrid, conoció los planes de los atacantes gracias a los papeles encontrados en el cadáver de un oficial muerto del ejército sublevado.96​

Entre los días 8 y 11 de noviembre se produjeron violentos combates en la Casa de Campo. El día 13 los nacionales ocupaban el cerro de Garabitas y dos días después lograban cruzar el río Manzanares adentrándose en la Ciudad Universitaria. Pero de allí no pudieron pasar gracias a la resistencia que presentaron las fuerzas republicanas, reforzadas por la llegada de las primeras Brigadas Internacionales, de unidades de tanques soviéticos T-26 (cuya primera intervención se había producido en la batalla de Seseña) y de 132 aviones rusos «Moscas» y «Chatos» que disputaron la superioridad aérea a los 117 aviones de la Legión Cóndor alemana. El 23 de noviembre el general Franco desistió de continuar el infructuoso ataque frontal a la capital y el frente quedó ese día estabilizado.97​
Tanque soviético T-26 usado por las fuerzas republicanas

»La resistencia de Madrid cambió el signo de la guerra. Ya no sería un conflicto de rápidos movimientos envolventes, sino de batallas a gran escala, de maniobras tácticas para alcanzar objetivos estratégicos, en las que unos cuantos centenares de metros de terreno tendrían significado y cuyo modelo sería la Primera Guerra Mundial, más que las campañas coloniales, única forma de guerra que los españoles conocían de modo directo».98​

Al fracasar el ataque frontal los nacionales decidieron envolver Madrid por el noroeste concentrando sus fuerzas para cortar la carretera de La Coruña e intentar penetrar por allí en Madrid. En el primer intento que tuvo lugar a finales de noviembre (primera batalla de la carretera de La Coruña) solo consiguieron avanzar tres de los siete kilómetros previstos, quedando detenido el ataque. El segundo intento tuvo lugar en diciembre (segunda batalla de la carretera de La Coruña) y también resultó un fracaso. El tercer y último intento (la conocida como tercera batalla de la carretera de La Coruña) tuvo lugar a principios de enero de 1937 y constituyó la «primera batalla importante de la Guerra Civil en campo abierto».99​ Los nacionales organizaron un importante ejército, llamado División Reforzada de Madrid, que contaba con tanques italianos, baterías antitanque para contrarrestar los T-26 soviéticos y artillería pesada. Frente a ella los republicanos desplegaron un ejército compuesto de cinco divisiones, cada una con tres brigadas, aunque algunas no estaban completas y muy pocas estaban mandadas por oficiales de infantería de carrera (para mandar las cinco divisiones se tuvo que recurrir a dos oficiales retirados por la ley Azaña de 1931, a dos oficiales provenientes de las fuerzas de seguridad, y a un miliciano, el comunista Juan Modesto). Entre los días 6 y 9 de enero la División Reforzada atacó hacia el norte y luego giró al este al llegar a la carretera de La Coruña, pero las fuerzas republicanas resistieron y los «nacionales» tuvieron que desistir en su avance.100​

Fracasado el intento de envolver Madrid por el noroeste, los nacionales lo intentan por el sureste avanzando hacia el río Jarama para cortar la vital carretera de Valencia, por donde llegaban a Madrid la mayoría de sus suministros. La batalla del Jarama se inició el 4 de febrero con el ataque por unidades de la Legión Española y fuerzas regulares marroquíes, apoyadas por carros de combate, a las posiciones republicanas. El 11 de febrero tomaban el puente de Pindoque defendido por la compañía «André Marty» de la XII Brigada Internacional que tuvo 86 muertos. Los nacionales prosiguieron su avance pero las fuerzas republicanas apoyadas por unidades de tanques soviéticos dirigidos por el general «Pablo» (el general Rodímtsev) y el dominio del aire de la aviación republicana gracias a los «Chatos» les obligó a detenerse y renunciar a alcanzar la línea Arganda-Morata de Tajuña. Sin embargo los republicanos no pudieron recuperar el terreno perdido y el frente quedó estabilizado el 23 de febrero de 1937. Fue el final de la batalla del Jarama.101​

Mientras se iniciaba la batalla del Jarama, se producía la toma de Málaga por los nacionales el 8 de febrero de 1937, gracias especialmente a la intervención de las unidades motorizadas de la división de milicias fascistas italianas («legionari» del CTV, Corpo di Truppe Volontarie) que había comenzado a llegar a España dos meses antes enviada por Mussolini, imbuido de la idea de que el soldado fascista era muy superior al combatiente «rojo». El ataque había comenzado el 14 de enero de 1937 avanzando desde Ronda por el norte, siguiendo la carretera costera avanzando hacia Marbella por el oeste (con el apoyo de los dos modernos cruceros Baleares y Canarias que bombardeaban desde el mar y contra los que poco podían hacer los destructores y los más viejos y peor armados cruceros republicanos) y desde Granada hasta Alhama por el noreste. Aunque las milicias republicanas consiguieron contener el ataque tierra adentro, el día 5 de febrero convergieron varias columnas sobre Málaga encabezadas por las fuerzas italianas. Esto obligó a retirarse a las milicias a la capital pero allí faltas de mandos, de fortificaciones para la defensa y del apoyo de la flota republicana no tuvieron más remedio que emprender la huida hacia el este por la carretera costera de Málaga y Almería acompañadas de miles de civiles mientras eran ametrallados y bombardeados por la aviación italiana y los barcos de guerra de los sublevados. A los pocos días los nacionales llegaban a Motril haciendo numerosos prisioneros y obteniendo grandes cantidades de material.102​ «Para el Gobierno republicano, la derrota demostró una profunda ineficacia y una falta de energía moral y señaló el comienzo de la decepción de los comunistas con respecto a la actuación de Largo Caballero como Jefe de Gobierno y ministro de la Guerra. Las salpicaduras llegaron a los mandos que Largo había nombrado, los cuales fueron procesados como resultado de las investigaciones llevadas a cabo después del desastre».103​
Artilleros italianos del bando sublevado disparando un cañón en la batalla de Guadalajara.

El tercer y último intento de envolver Madrid fue una iniciativa del Corpo di Truppe Volontarie (CTV) fascista italiano, a la que accedió el generalísimo Franco, y que dio lugar a la batalla de Guadalajara. La idea italiana de la ofensiva era atacar Madrid desde el noreste dirigiéndose a Guadalajara y una vez tomada esta ciudad cortar la carretera de Valencia y entrar en la capital. Para esta operación, en la que se seguiría la táctica de lo que los generales italianos llamaban «guerra relámpago» (las previsiones eran que en una semana, entre el 8 y el 15 de marzo de 1937, Madrid sería conquistada), se desplegaron buena parte de los de los 48 000 soldados con que contaba entonces el CTV (integrados en cuatro divisiones con 4000 vehículos, 542 cañones y 248 aviones).104​
Soldados italianos del Corpo Truppe Volontarie durante la batalla de Guadalajara

El día 8 de marzo comenzó el ataque y en la noche del 9 al 10 de marzo la 3.ª División italiana tomaba Brihuega y el día 11 Trijueque encontrando una fuerte resistencia de las fuerzas republicanas, entre las que se encontraban la XI y la XII Brigadas Internacionales (de las que formaba parte el batallón Garibaldi integrado por italianos antifascistas), apoyadas por las unidades de tanques soviéticos y por la aviación, y ayudadas por el mal tiempo (los suelos embarrados por la lluvia dificultaba el avance de los vehículos e impedía el despegue de los aviones de los campos encharcados, mientras que los aviones republicanos sí disponían de campos de aviación utilizables). El 12 de marzo las tropas republicanas lanzaron una contraofensiva que hizo huir desmoralizada a la 3.ª División italiana y permitió recuperar en los días siguientes Trijueque y Brihuega, apoderándose de material abandonado por los italianos. El día 19 de marzo las fuerzas republicanas detuvieron su avance y organizaron líneas de defensa. El 23 de marzo terminó la batalla de Guadalajara que la prensa internacional liberal y de izquierdas llamó la «primera victoria contra el fascismo», destacando el hecho de que muchos «legionari» del CTV habían sido capturados por los «garibaldini» de las Brigadas Internacionales.104​

«Con la ayuda rusa la República había podido responder a la amenaza que suponía la llegada de armamento desde Italia y Alemania para el bando nacional. El Ejército Popular ya no consistía en bandas sueltas de milicianos con improvisados mandos. Había demostrado saber retirarse a fortificaciones preparadas, resistiendo con pequeñas retaguardias a la espera de refuerzos. Responder a esta técnica iba a exigir otras capacidades de las que poseía el CTV»



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#9

Сообщение Foxhound » 21 авг 2019, 18:27

La batalla de Guadalajara fue el último intento del bando sublevado de tomar Madrid y solo una semana después de su final se inició la Campaña del Norte, el ataque de las fuerzas sublevadas contra la franja cantábrica que permanecía fiel a la República pero que estaba aislada por tierra del resto de la zona republicana. El objetivo de los «nacionales» era controlar sus importantes recursos mineros e industriales (especialmente las siderurgias y las fábricas de armas), además de que su conquista permitiría trasladar la flota sublevada al Mediterráneo para intentar detener el tráfico marítimo que se dirigía a los puertos republicanos.106​ La ofensiva de las fuerzas sublevadas al mando del general Mola (unos 28 000 efectivos, incluidos los de las unidades del Corpo Truppe Volontarie italiano, apoyados por 140 aviones italianos y alemanes de la Legión Cóndor) se inició el 31 de marzo de 1937 desde las posiciones alcanzadas en octubre de 1936 en la campaña de Guipúzcoa, que se situaban a unos 35 kilómetros al oeste de San Sebastián, sobre las defensas de Vizcaya que había organizado el gobierno vasco presidido por José Antonio Aguirre desde octubre de 1936 tras haber aprobado las Cortes republicanas el Estatuto de Autonomía del País Vasco. El Ejército Vasco reclutado por Aguirre rechazaba la autoridad del general Francisco Llano de la Encomienda que era el jefe del Ejército del Norte, que teóricamente agrupaba a todas las fuerzas de Vizcaya, Santander y Asturias, y actuaba de forma independiente (en él no existía la figura del comisario político y tenía pocos mandos profesionales).107​
Bombardeo de Guernica, el 26 de abril de 1937

En la primera ofensiva de la campaña de Vizcaya las fuerzas «nacionales», aunque contaban con la superioridad naval y aérea (el grueso de la flota republicana se encontraba en el Mediterráneo y solo había un pequeño número de cazas soviéticos), avanzaron relativamente poco debido a la fuerte resistencia que encontraron y a las malas condiciones meteorológicas. La segunda ofensiva iniciada el 20 de abril tuvo más éxito alcanzando cinco días después la línea Guernica-Durango. El día 26 de abril, tras haber bombardeado Jaén y Durango los días anteriores, se produjo el bombardeo de Guernica por aviones alemanes de la Legión Cóndor y aviones italianos del CTV causando muchas víctimas civiles y una enorme destrucción porque además de las bombas convencionales utilizaron bombas incendiarias. Tres días después las fuerzas «nacionales» ocupaban la ciudad y el día 30 de abril llegaban a Bermeo.108​

Entonces ambos ejércitos se reorganizaron (el «lehendakari» Aguirre en persona asumió el mando supremo del ejército vasco) para atacar y defender respectivamente el conjunto de las fortificaciones alrededor de Bilbao, el llamado «Cinturón de Hierro», que sin embargo había perdido gran parte de su utilidad porque el ingeniero que las había diseñado, Alejandro Goicoechea, se había pasado al bando sublevado con los planos de las mismas. Gracias a ellos, los «nacionales» pudieron penetrar por sus puntos débiles mientras la ciudad de Bilbao era bombardeada por la artillería pesada y por la aviación. Finalmente Bilbao cayó el 16 de junio, sin que el gobierno de Valencia, presidido desde el 17 de mayo por el socialista Juan Negrín tras superar la crisis republicana de los «sucesos de mayo de 1937» hubiera podido organizar algún ataque en otros frentes que hubiera dificultado la gran concentración de medios terrestres y aéreos desplegada por los «nacionales» en la Campaña de Vizcaya.109​

Por fin a principios de julio las fuerzas republicanas lanzaron una ofensiva en el frente de Madrid para aliviar la presión del ejército «nacionalista» en el norte. Así el 6 de julio comienza la batalla de Brunete llamada así porque la lucha por la conquista de ese pueblo situado al oeste de Madrid por los republicanos (que pretendía seguir después en dirección sureste para encontrarse con las otras fuerzas gubernamentales que avanzarían desde el sur de la capital, lo que de tener éxito obligaría a los «nacionales» a ordenar un repliegue general de sus fuerzas si no querían verse cercados) se convirtió en el elemento central de los combates. El ataque hacia Brunete fue lanzado por el reorganizado V Cuerpo de Ejército republicano al mando del comandante de milicias Juan Modesto apoyado por unidades de tanques T-26 soviéticos que ocupó la localidad casi sin resistencia, pero el general Franco reaccionó rápidamente y envió unidades de la Legión y de Regulares más las brigadas de Navarra y unos 150 aviones italianos y alemanes retirados del frente del norte, deteniéndose así el ataque hacia Santander. Esto permitió a las fuerzas nacionales realizar el contraataque.110​ «Empezó así una batalla de desgaste bajo el tremendo sol veraniego, sin sombra ni agua, que terminó arrojando un saldo de 40 000 bajas. La dura batalla concluyó el 26 de julio, por puro agotamiento. El Ejército Popular Republicano había retenido importantes sectores del territorio que había conquistado... aunque perdió Brunete. (...) [La batalla de] Brunete coincidía con el aniversario del principio de la guerra. A partir de unas cuantas columnas sublevadas que luchaban contra milicias improvisadas se habían formado dos ejércitos con un considerable apoyo de artillería y aviación».111​

Terminada la batalla de Brunete las fuerzas «nacionales» se reorganizaron y reanudaron la Campaña del Norte atacando Santander desde el sur por el puerto de montaña de Reinosa y desde el este siguiendo la costa. La batalla de Santander comenzó el 14 de agosto con el ataque a Reinosa que fue ocupada solo dos días después y cuya fábrica de armamento no fue destruida por los republicanos en su retirada en desbandada. La resistencia republicana en la costa también se desplomó rápidamente ante el avance de las unidades del CTV italiano gracias especialmente a la superioridad aérea (los republicanos no pudieron enviar aviación a aquella zona debido a la lejanía de las bases) cuyos continuos bombardeos destrozaron y desmoralizaron a las fuerzas republicanas mandadas por el general Mariano Gamir Ulibarri nombrado el 6 de agosto. El 24 de agosto, solo diez días después de iniciada la ofensiva, la ciudad de Santander (donde escaseaban los víveres y el combustible debido al bloqueo naval de la armada sublevada) fue ocupada después de que las fuerzas de orden público, una vez evacuados los mandos, izaron bandera blanca.112​ «La historia de la campaña de Santander es la de un continuo avance, con ocasionales y breves resistencias. Fueron muchos los prisioneros y los que se «pasaron», lo que daba fe del estado de desmoralización de las filas republicanas».113​
Mapa del entorno donde se desarrolló la batalla de Belchite con indicación de las situaciones inicial y final.

La segunda ofensiva republicana para aliviar la presión de los «nacionales» en el Norte llegó tarde pues comenzó el mismo día de la caída de Santander. Esta vez se desarrolló en el frente de Aragón, que se mantenía prácticamente inalterado desde el inicio de la guerra cuando las columnas de milicias confederales anarquistas y del POUM salieron de Cataluña y ocuparon la mitad oriental de Aragón (donde crearon un ente casi independiente llamado Consejo de Aragón) aunque no consiguieron su objetivo de conquistar Zaragoza, y que tras los «sucesos de mayo de 1937» habían sido incorporadas a las unidades regulares del Ejército del Este. El 24 de agosto comenzó la ofensiva de Zaragoza cuyo propósito era romper el frente y alcanzar la capital aragonesa, lo que obligaría al general Franco a suspender su ofensiva del Norte. Al norte del Ebro combatían las divisiones anarquistas y al sur las comunistas dirigidas por Enrique Líster y los dos generales internacionales Walter y Kleber. Después de la toma de los pueblos de Codo y Quinto cercaron Belchite el día 26, dando inicio a la batalla de Belchite el hecho bélico más destacado de la campaña. Los «nacionales» que defendían el pueblo resistieron encarnizadamente hasta el 3 de septiembre. Cuatro días antes los «nacionales» habían iniciado la contraofensiva que al norte del Ebro hizo retroceder a las divisiones anarquistas y al sur en Fuentes de Ebro, un pueblo situado a 26 kilómetros de Zaragoza, consiguió derrotar a las unidades de tanques soviéticos BT5 y a la XV Brigada Internacional.114​

Aunque Belchite permaneció en manos de los republicanos los dos objetivos de la ofensiva de Zaragoza no se consiguieron: ni se tomó la capital aragonesa ni se detuvo el avance «nacionalista» en el frente norte. Tras la ocupación de Santander se inició el 1 de septiembre la ofensiva de Asturias por la costa y por el interior para poner fin al último territorio de la franja norte republicana. Unos días antes se había formado en Gijón (Oviedo continuaba ocupada por los «nacionalistas» desde el inicio de la guerra) el Consejo Soberano de Asturias y León bajo la presidencia del socialista Belarmino Tomás, uno de los antiguos dirigentes de la Revolución de Asturias de octubre de 1934, que intentó organizar la defensa, pero su situación eran tan difícil como la de Santander. Los asturianos no tenían apoyo naval (solo disponían del destructor Císcar) ni apoyo aéreo (los pocos aviones con que contaban eran muy inferiores a los de los atacantes) y estaban sometidos al bloqueo naval de la armada sublevada lo que había provocado problemas de abastecimientos civiles y militares agravados por la presencia de unos 300 000 refugiados procedentes de otras zonas ocupadas por las tropas «nacionales». Así pues la resistencia al avance «nacionalista» fue muy difícil de mantener por la carencia de material y alimentos y por el abandono de la zona desde aire y mar y la desmoralización de las tropas dio lugar a retiradas desordenadas a causa del pánico. Sin embargo hasta el 21 de octubre115​ no fue tomado Gijón, el último reducto de la Asturias republicana y de todo el norte.116​ La mayoría de los prisioneros del Frente Norte fueron recluidos en el campo de Miranda de Ebro.

Las consecuencias de la victoria «nacionalista» en la Campaña del Norte fueron muy importantes para el curso de la guerra. «Franco pudo concentrar todas sus fuerzas en el centro de España y en el Mediterráneo, y obtuvo el beneficio de una industria no destruida. La victoria restableció el orgullo de Mussolini [perdido por la derrota de la batalla de Guadalajara, que en adelante cooperaría de buena gana con Franco. La opinión internacional juzgaba que, una vez perdido el norte, la victoria era cuestión de tiempo».117​

En noviembre de 1937 el gobierno republicano de Juan Negrín decidió trasladarse de Valencia a Barcelona (donde desde noviembre de 1936 ya se encontraba el presidente de la República Manuel Azaña) para «poner en pleno rendimiento la industria de guerra» catalana, que en los meses siguientes quedó bajo la autoridad directa del gobierno de la República, para que supliera la pérdida de las importantes fábricas de armamento de Vizcaya, Cantabria y Asturias, y también para «asentar definitivamente la autoridad del gobierno en Cataluña», lo que relegó al gobierno de la Generalidad de Lluís Companys a un papel secundario



Foxhound
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 Re: Война в Испании.

#10

Сообщение Foxhound » 21 авг 2019, 18:41

El 12 de diciembre de 1937, la 11 División republicana al mando del jefe miliciano comunista Enrique Líster corta las de vías de comunicación de la ciudad de Teruel con la retaguardia «nacional». Así da comienzo la batalla de Teruel, cuya estrategia ha sido diseñada por el Jefe del Estado Mayor republicano, el coronel Vicente Rojo. El objetivo es conquistar este saliente que en las líneas enemigas representaba Teruel además de impedir el ataque de los «nacionales» contra Madrid previsto para el día 18 de diciembre y alcanzar un éxito militar como era tomar una capital de provincia en manos de los sublevados desde el inicio de la guerra para fortalecer la confianza interior y exterior en la causa republicana tras la derrota de la Campaña del Norte en un momento en que la llegada de material bélico de la Unión Soviética estaba reduciéndose a causa de las dificultades que estaba encontrando para pasar la frontera francesa por la caída el gobierno del socialista Leon Blum. El general Franco reaccionó inmediatamente para romper el cerco de Teruel pero como no pudo conseguirlo en el primer intento tuvo que enviar más fuerzas y suspender el ataque previsto sobre Madrid (con lo que uno de los objetivos estratégicos republicanos de la ofensiva sobre Teruel se había conseguido). Las bajas temperaturas y las nevadas dificultaron las acciones de los dos ejércitos e impidieron que los «nacionales» rompieran el cerco, a pesar de gozar de superioridad aérea y artillera, por lo que el coronel Domingo Rey d'Harcourt decidió rendirse el 8 de enero y las fuerzas republicanas (la 46.ª División al mando del miliciano Valentín González «El Campesino») ocuparon la ciudad.119​ A partir de entonces las fuerzas «nacionales» redoblaron sus ataques para reconquistar Teruel lanzando varias ofensivas que fueron minando las defensas y la moral de las fuerzas republicanas. El 7 de febrero de 1938 alcanzaron la línea del río Alfambra y el 21 de febrero la ciudad estaba cercada. La División 46 mandada por «El Campesino» escapó o huyó, según las diferentes versiones, y la ciudad fue reconquistada por los «nacionales».120​ «El valor de unos soldados bisoños mal conducidos, armados y vestidos y enfrentados por rencores políticos [anarquistas frente a comunistas] poco podía hacer contra tropas experimentadas y bien equipadas y, sobre todo, contra los bombardeos».121​ El coronel Vicente Rojo le escribió al ministro de Defensa de la República Indalecio Prieto sobre la retirada de Teruel de la División 46:121​

Tardaremos aún mucho tiempo para que los jefes de nuestro ejército se comporten como es debido.

Mapa de España en julio de 1938 después de la ofensiva de Aragón y cuando comenzó la batalla del Ebro.
Leyenda Zona controlada por los sublevados República Española Solid blue.png Principales centros nacionalistas
Red-square.gif Principales centros republicanos

La batalla de Teruel mostró las debilidades del ejército republicano lo que indujo a Franco a posponer definitivamente el ataque a Madrid para en su lugar lanzar la ofensiva de Aragón contra Cataluña y Valencia. El ataque, que iba a extenderse por todo el frente de Aragón, comenzó al sur del río Ebro el 9 de marzo donde el frente se derrumbó ante la gran concentración de fuego artillero y de aviación. El día 14 el CTV tomaba Alcañiz y el 17 los «nacionales» tomaban Caspe, después de haber «reconquistado» Belchite. Lo mismo sucedió al norte del Ebro donde tomaron Fraga el 27 de marzo y a principios de abril llegaron a Lérida (donde la 101.ª Brigada Mixta mandada por el jefe miliciano Pedro Mateo Merino impidió que cruzaran el río Segre por allí). Al norte de Lérida avanzaron hasta el Noguera Pallaresa y establecieron cabezas de puente en Balaguer y Tremp. Una vez alcanzadas esas posiciones Franco descartó dirigirse hacia Barcelona y optó por avanzar hacia el Mediterráneo al sur de la desembocadura del Ebro, objetivo que alcanzaron el 15 de abril al llegar a Vinaroz, con lo que la zona republicana quedó dividida en dos.122​

El fracaso de la batalla de Teruel y el derrumbe del frente de Aragón provocaron la crisis de marzo de 1938 en el bando republicano cuando el presidente del gobierno Juan Negrín intentó que Indalecio Prieto cambiara de ministerio y dejara el de Defensa ya que, como el presidente de la República Manuel Azaña, Prieto consideraba que lo que había sucedido mostraba que el ejército republicano nunca podría ganar la guerra y que había que negociar una rendición con apoyo franco-británico. Pero al no conseguirlo Negrín le pidió a Prieto que abandonara al gobierno,123​ recomponiendo a continuación su gabinete el 6 de abril y asumiendo Negrín personalmente el Ministerio de Defensa,124​ con el coronel comunista Antonio Cordón como subsecretario de Guerra, que procedió a la reorganización de las fuerzas republicanas agrupadas en dos grandes grupos de ejércitos, en consonancia con la división de la zona republicana provocada por la llegada de los «nacionales» al Mediterráneo: el GERC (Grupo de Ejércitos de la Región Centro-Sur) y el GERO (Grupo de Ejércitos de la Región Oriental).125​ Las posiciones del nuevo gobierno de Negrín con vistas a unas posibles negociaciones de paz quedaron fijadas en su «Declaración de los 13 puntos», hecha pública en la significativa fecha del 1º de mayo de 1938.126​
Reemplazo republicano destinado al frente de Teruel

Una vez alcanzado el Mediterráneo, Franco decidió dirigir sus tropas contra Valencia en lugar de contra Barcelona, sede del gobierno republicano, no porque temiera, según el historiador Michael Alpert, que «Cataluña fuera un bocado difícil» sino porque «la presencia de fuerzas alemanas e italianas en España hacía que un posible acercamiento de Franco a la frontera francesa pudiera suscitar tensiones internacionales».127​ Se inicia así la ofensiva del Levante cuyo plan consistía en converger sobre Sagunto (a unos 20 kilómetros al norte de Valencia) avanzado por la costa desde Vinaroz y por el interior desde Teruel, para desde allí tomar Valencia. La resistencia republicana fue dura especialmente cuando las fuerzas «nacionales» tras conquistar Castellón de la Plana el 13 de junio alcanzaron la línea de fortificaciones llamada línea XYZ que se extendía desde Almenara, unos kilómetros al norte de Sagunto, en la costa hasta el río Turia en el interior. Allí las tropas «nacionales» tuvieron que detener su avance.128​
Mapa de la zona donde se desarrolló la Batalla del Ebro

El 25 de julio de 1938 el republicano Ejército del Ebro, uno de los dos grandes cuerpos del ejército de que se componía el recién creado GERO, cruza en barcazas por sorpresa el río Ebro entre Mequinenza y Amposta con el objetivo de atacar desde el norte al ejército «nacional» que se acercaba a Valencia. Fue el inicio de la batalla del Ebro que se convirtió para ambos bandos en una dura lucha de desgaste.129​ Aunque el paso del Ebro por Amposta en la costa fue pronto liquidado por las fuerzas «nacionales» el grueso del Ejército republicano llegó a las puertas de Gandesa en el interior pero no logró tomar esta localidad debido a la fuerte resistencia que opusieron las unidades de regulares y de legionarios que la defendían y sobre todo porque inexplicablemente la aviación republicana no protegió el avance y la Legión Cóndor enviada rápidamente por el general Franco dominó los aires y bombardeó y ametralló constantemente las posiciones republicanas. Así que hacia el 2 o el 3 de agosto la maniobra republicana había fracasado ya que no se iba a producir ninguna irrupción de unidades republicanas en el territorio dominado por los sublevados.130​ A partir de ese momento las operaciones se centraron en la bolsa de territorio ganado por los republicanos al sur del Ebro, que estos defendieron a toda costa mientras que los «nacionales» intentaban desalojarlos de allí (a pesar de que algunos de los colaboradores del general Franco le aconsejaron que abandonara el frente del Ebro una vez detenido el avance republicano y reemprendiera la campaña contra Valencia, pero Franco pensó, sin embargo, «que con la ayuda constante que recibía desde Alemania e Italia en aviación y artillería pesada, con su mayor flexibilidad logística (frente a un enemigo que no podía llevar refuerzos a sus tropas por estar cerrada la frontera francesa) y con el virtual bloqueo marítimo de las costas, podría destruir lentamente lo mejor de las fuerzas de la República»).131​ Después de tres meses de duros combates, que causaron más de 60 000 bajas por cada bando, los republicanos tuvieron que retirarse y volver a cruzar el Ebro en sentido contrario. El 16 de noviembre lo hacían las últimas unidades poniendo fin así a la batalla del Ebro, la más larga de la guerra y que supuso una nueva victoria para el bando sublevado.132​

Mientras se desarrollaba la batalla del Ebro estalló la crisis de los Sudetes de Checoslovaquia que podía conducir a la guerra en Europa. Negrín decidió entonces retirar las Brigadas Internacionales para conseguir una actitud favorable hacia la República de las potencias democráticas Francia y Gran Bretaña y lo mismo hizo el general Franco al reducir la presencia de tropas italianas (aunque conservando lo que realmente le interesaba de la ayuda fascista italiana: la artillería, la aviación y los carros de combate) y garantizar a Gran Bretaña y Francia que se mantendría neutral si estallara la guerra en Europa. Sin embargo el cierre de la crisis con los acuerdos de Múnich del 29 de septiembre de 1938, según los cuales Checoslovaquia debería entregar los Sudetes a Hitler, supuso una nueva derrota para la República en el plano internacional porque el acuerdo significaba que las potencias democráticas, Francia y Gran Bretaña, continuaban con su política de «apaciguamiento» respecto de la Alemania nazi, y si no intervenían para defender a Checoslovaquia menos lo harían para ayudar a la República española.



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